Las caras de la mandíbula

El estrés se revela en el mapa de la cara, que lleva el registro emocional de lo que vivimos. ¿Cuántas emociones no expresadas y tensiones no resueltas se traducen en un andar por la vida “con los dientes apretados”?

“Ésta es mi cara”, “dar la cara”, “qué cara tienes hoy”. Estos son sólo algunos de los giros del lenguaje corriente con que manifestamos que el rostro nos identifica, es la expresión única y personal con que nos presentamos ante el mundo.

Mediante el rostro nos reconocemos cuando nos miramos al espejo y reconocemos a otras personas. En él se fusionan lo instintivo y lo cultural, lo que heredamos de nuestros ancestros y lo que vamos adquiriendo a lo largo de nuestra experiencia de vida. Es como una síntesis.

Sabemos que el rostro está compuesto por diversas partes y que su interacción es compleja. Sin embargo, lo damos por sentado. Muy pocas veces prestamos atención a la diferenciación de las partes que lo componen, no indagamos para comprender cómo funcionan, interactúan y se influyen entre sí. Nos relacionamos sólo con su aspecto más superficial.

Si se nos pide diferenciar componentes del rostro, nombramos los ojos, la nariz, quizás la boca. Casi nunca se nos ocurre destacar la mandíbula.

La mandíbula está íntimamente unida al cuello y al resto de la cabeza. Participa de funciones vitales – entre ellas la alimentación – y también de habilidades relacionadas con la comunicación. Por ella transitan las emociones como por un cuello de botella y lo no expresado acaba manifestándose como tensión muscular.

De esta manera que el estrés se revela en el mapa de la cara, que lleva el registro emocional de lo que vivimos. ¿Cuántas emociones no expresadas y tensiones no resueltas se traducen en un andar por la vida “con los dientes apretados”?

Este último hábito cobra una dimensión mayor cuando, mediante la observación en el espacio seguro de una clase, tomamos conciencia de que la mandíbula participa en los movimientos globales del cuerpo y tiene un papel en el sostén, la postura y la calidad del movimiento. Y para cumplir sus funciones, la mandíbula debe trabajar constantemente en contra de la fuerza de gravedad, por lo que las tensiones sobrecargan su esfuerzo.

Existen relaciones orgánicas y fisiológicas muy potentes entre la mandíbula, el cuello y los órganos de los sentidos. Podemos hacer la sencilla prueba de observar la respiración y ver cómo influyen en ella una mandíbula tensa y una mandíbula relajada.

Mediante la observación en el laboratorio seguro de una clase, también comprendemos cómo influye sobre la visión, sobre lo que vemos y cómo lo vemos. Y también sobre la voz, ya sea la expresión de emociones para una buena comunicación o la emisión de la voz para el canto.

El estrés afecta a la mandíbula y, al afectarla, lo hace con todo el cuerpo. Las tensiones y nudos emocionales que acumulamos en la mandíbula y el cuello deriva en tensiones y rigideces crónicas que afectan la salud de encías y dientes, desgastan articulaciones, producen la mordida nocturna. Interfieren con la buena comunicación.

La influencia entre sí es mutua. Cuando una tensión, mal uso o mal funcionamiento afecta a una de estas partes o una función, afecta también a las demás. Del mismo modo, cuando reeducamos y liberamos a una de estas partes, los efectos positivos se extienden a las demás.

Al liberar la mandíbula podemos manejar el estrés con soltura. Una mandíbula libre de tensiones innecesarias se convierte en una llave maestra para el manejo de estrés.

La reeducación de la mandíbula es un paso importante en la reeducación global de la postura y el movimiento natural. La experiencia de los talleres muestra un cambio notable en la actitud ante el estrés, la buena disposición emocional y la claridad mental.

4 comments on “Las caras de la mandíbula

  1. EXCELENTE INFORMACION, CADA ARTICULO QUE LEO, ES COMO SI ME ESTUVIERA LEYENDO YO MISMA MI PROPIO CUERPO, TODAS LAS DOLENCIAS CREO QUE LAS TENGO, PERO ESTA ES …CON LA QUE MAS ME IDENTIDICO.

  2. Hola. Gracias por comunicarte. En primer lugar, el Método Feldenkrais es vivencial, se aprende y practica en clase. De todo modos, una buena recomendación es el libro “Autoconciencia por el movimiento”, de Moshe Feldenkrais. Con las prácticas allí contenidas, no tengo dudas de que habrá mejoras. Tambien puedes contactarte con las practitioners de Método Feldenkrais o de Bones for Life que residen en Chile. Suerte.

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