Mujeres africanas, osteoporosis y el corazón

Dos hallazgos recientes son relevantes para nuestro aprendizaje sobre la salud de los huesos. El primero es que en comparación con las mujeres occidentales, las mujeres de África sufren un uno por ciento de fracturas de fracturas de cadera a pesar de su menos densidad ósea. El segundo es que existe una correlación entre la osteoporosis y la salud del corazón.

La estadística acerca de que las mujeres de África sufren sólo el uno por ciento de las fracturas de fémur, es decir, uno por ciento de fracturas de cadera en comparación con sus pares occidentales  es significativa si tenemos en cuenta que la densidad ósea de las mujeres africanas es menor que la de las mujeres occidentales, probablemente debido a la dieta. Esto es una muestra de que la fractura del hueso – un punto crucial en la definición de la osteoporosis y su prevención en nuestra cultura – no depende tan claramente sólo de la densidad del hueso, sino también de algún otro factor que puede ser funcional: la coordinación, la habilidad para caminar, los recursos para mantener el equilibrio y no caerse, o caer de una manera que no lesione los huesos.

Todos estos aspectos funcionales están al alcance de nuestra mano, dentro de nuestra capacidad de cuidarnos. Parte de la belleza de Bones for Life es que también es en un programa de autoayuda, de cosas que podemos hacer por nuestra propia ecología privada, por nosotros/as mismos/as, para elevar la calidad de nuestros movimientos.

Deberíamos desconfiar, entonces, de toda la información que nos da una perspectiva única y reducida del problema. Los datos cada vez más sofisticados sobre la densidad de los huesos, los minerales, la química, son datos ciertos, que tienen su importancia y se pueden medir, pero ofrecen una perspectiva limitada del problema y su solución.

La perspectiva del movimiento – tal como la propone Bones for Life – no está suficientemente investigada, en especial el tipo de movimiento que buscamos desarrollar: un movimiento con calidad, con diferenciación, que observa las diferencias de calidad de coordinación. Convengamos que no es fácil llevar esto a un laboratorio, pues la segunda vez que lo hacemos ya es algo distinto, aparece el aprendizaje, lo cual es muy difícil de evaluar.

Por otra parte, las inversiones grandes no son en educación, sino en la investigación que puede generar drogas que luego permiten obtener grandes ganancias. Nuestro comienzo es modesto, pero sabemos que tiene valor y tenemos la esperanza de que, en breve, lo que vamos descubriendo se difunda.

¡No hay píldoras para la postura!

El segundo hallazgo reciente es la correlación entre la osteoporosis y la salud del corazón.

La salud cardíaca es un gran tema que parece ubicarse entre las cosas incontrolables e impredecibles. Existe mucho miedo alrededor del corazón.

¿Cómo se conectan la osteoporosis y el corazón? Si consideramos que el deterioro de los huesos ocurre cuando la sangre no circula con vigor suficiente, podemos darnos una idea.

Cuando las personas caminan con lentitud, sin ritmo, sin hacer impacto en el planeta, sin acusar recibo de la contrapresión que generan sus pasos, la sangre se estanca y no le resulta fácil ingresar en los vasos sanguíneos más pequeños y delicados. Tampoco puede penetrar en el tejido sólido de los huesos. Estas dos cosas se pierden cuando la circulación no es lo suficientemente fuerte.

Cuando no nos movemos en forma plena, el corazón tiene que llevar adelante todo el bombeo, en especial el bombeo de la circulación de retorno por las venas, en contra de la gravedad, en la fase de depuración. Sin el movimiento suficiente, el corazón debe hacerse cargo de todo el trabajo, por lo que sufre una fatiga más temprana que provoca dolencias  cardíacas.

Existe bastante difusión en torno a que para sanar el corazón, no para mantenerlo sino para sanarlo, es necesario que la persona realice movimientos progresivamente más vigorosos que activan la circulación de la sangre. Cuando la circulación es mala, los huesos tampoco reciben su provisión de nutrientes para construir nuevas células.

Aparece, pues, la conexión: el movimiento puede ser la respuesta a ambos problemas. Porque para hacer movimientos vigorosos necesitamos un tipo especial de organización del cuerpo, un tipo de alineación, un tipo de postura para ejecutarde manera sana y eficiente.

La funcionalidad de los huesos se relaciona también con la flexibilidad. En este caso, la  adaptabilidad y la flexibilidad total en el cuerpo, en las articulaciones. Esto también viene junto con el movimiento natural, por ejemplo, llevar peso en la cabeza y vivir en condiciones que provean más variaciones que las de un piso chato y predecible.

Como señalamos al principio, los estudios sobre mujeres que cargan peso sobre la cabeza indican que sólo el uno por ciento de ellas tiene problemas de densidad ósea en comparación con las mujeres occidentales. Son mujeres que parecen muy pequeñas y en algunos casos cargan sobre sus cabezas más peso que su masa corporal. Y aparentemente lo hacen sin esfuerzo y mejoran con el paso de los años. Los investigadores no pudieron encontrar el por qué, pero estiman que se debe a un patrón especial de caminata que se aplica sólo cuando cargan peso.

Las células que crean nuevo tejido óseo están en la periferia del hueso, y es justamente ahí donde los efectos de los patrones de movimiento pueden ser efectivos.

Desgrabación de una charla de Ruthy Alon durante el Segmento 2 del entrenamiento en Bones for Life llevado a cabo en Kripalu Yoga Center, Lenox, MA, USA, en mayo de 2003. 

Traducción libre de María Clara Reussi.

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